
DESNUDOS
Nina Yhared (1814)
Le hago el amor como un dínamo infinidad de veces. Entro en su piel azul turquesa.
Uno mi derramado cuerpo a sus espasmos. Las arterias, a sus huesos. La piel, a su
sangre. Mi tristeza, a su miedo. El olfato, a su busto. La lengua, a sus oídos. La carne,
a su médula. Las lágrimas, a su orina. El sudor, a su saliva. El cabello, a sus nervios.
Mi obsesión, a su cólera.
Los músculos, a sus tendones. La nariz, a sus labios. Los ojos, a sus gemidos. El
tacto, a su risa. El estómago, a mis pulmones. La ahumada excreción, a mis brazos.
Su perfume, a mis sollozos. Su amarga cadera, a mis piernas saladas. Su dulce coño,
a mis ojos vegetales.
A la par de los movimientos secuenciales de ambos sexos aparecen imágenes
rojizas. Al cerrar los ojos su cabello vuela atado a un algodón. El nacimiento de su
vello púbico es un crepúsculo blanco y negro. Entro de nuevo en su cuerpo: el centro
de la Tierra. Desnuda canta en el borde de la arena. Sus tacones se entierran en mis
labios. Las uñas, en sus nalgas. Las medias de Urano, en el cuello.
Me encanta navegar en su espléndida hendidura. Beber la savia de su caparazón.
Penetrar en la dimensión desconocida de su carne. Sostenerla con la simple erección
del suspiro. Mientras las vendas le cubren pómulos y extremidades.
Ella es un Sol. Yo, un pájaro de Luna. Su mirada, que me acaricia y desvirga, es de
jade. El equinoccio de sus latidos me vuelve amarillo y verde. El crecimiento de su
aurora anochece la ebullición del semen.
Nunca dormimos. Su espuma es interminable. Quisiera consumirla desde la primavera
hasta el final del invierno. Desde el nacimiento hasta la muerte. De Oeste a Sur y de
Este a Norte. Del centro de su ombligo hasta el Sudoeste y Noroeste de sus senos.
Del calor de sus venas, al frío de mis manos. Del mercurio de su boca, al cobre de
mis dientes. Del estaño de sus cejas, al hierro de mis pestañas.
Cuando ella se transforma en metal, yo soy Fuego. A veces se le ocurre ser de Agua.
Entonces soy madera. De pronto, al besarla como metal, ella es una serpiente de
veneno. Es extraña. Nunca se sacia en nuestros encuentros. Siempre piensa en más
humedad. En más polvo blanco. En más amantes. Pienso que hace lo mismo con
todos los tigres y venados de la selva. Siempre cabe una sospecha. Es insaciable.
Fue creada para entregarse al placer.
En el año Luna-Tortuga desfalleceremos. Entonces brotarán nuevos amantes. El
deseo siempre va en declive. Algún día se esfuma y no regresa. El potencial de sus
atributos celestes me invitan a abandonarme, a creer que entre sus besos encontrar‚ la
vía al cielo. La esencia de la vida.

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